Prácticamente todos los cuidadores tienen el deseo de que la persona a la que cuidan mantenga el máximo tiempo posible una calidad de vida independiente, saludable,  físicamente activa, pero controlada. Pero a veces, todo esto se ve truncado por lo que la OMS (Organización Mundial de la Salud) define como la consecuencia de cualquier acontecimiento que precipite al paciente en el suelo en contra de su voluntad. Sí la tan temida caída. Y ocurre más veces de las que nos imaginamos, se producen unas 37,7 millones de caídas que requieren atención médica  cada año.

Entre sus consecuencias más inmediatas se encuentran la inmovilidad que a su vez puede ocasionar úlceras, problemas circulatorios, rigidez, contracturas, problemas respiratorios y un largo etc. también están las psicológicas como el síndrome post- caída (miedo a volver a caer), dependencia funcional y pérdida de autonomía, y económicas como la institucionalización, rehabilitación, cuidados extra-hospitalarios…

Pero… podemos prevenirlas?? Son muchos los factores que aumentan el riesgo de caídas; historial de caídas, fármacos, entorno social, sedentarismo, alteraciones de la visión, de la percepción, patologías circulatorias, respiratorias…

Algunos de estos factores no los podemos controlar, pero muchos otros sí, y nos pueden ayudar a disminuír ese riego de caídas.
Qué debemos evitar?

Las prisas, los pisos resbaladizos, calzado inadecuado (mejor si es cerrado), el que tengan exceso de confianza, normalmente rehúsan usar ayudas técnicas, y una iluminación inadecuada.
Recomendaciones:

  • Retirar objetos que puedan molestar a la hora de movilizarlo de un sitio a otro.
  • Buscar un buen asesoramiento sobre ayudas técnicas.
  • Utilizar mobiliario adecuado.
  • Mantener una buena hidratación, se evitarán mareos.
  • Mantenimiento de su forma física.
  • Practicar algún ejercicio de equilibrio y coordinación, un baile agarrados es una buena opción. Otro ejercicio podría ser estar sentados e intentar aguantar una pelota debajo del pie o que la hagan rodar.
  • Uso de anadores , bastones adaptados a las características de la persona, por ejemplo en altura, y reeducación de la marcha con asesoramiento de profesionales.
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