Se le olvidó hablar. Sin embargo, lo poco que decía, lo hacía cantando. A veces una frase, otras una sola palabra repetidas varias veces. Aquella noche mientras la desvestía se mostró bastante inquieta y agitada. Fue cuando comencé a cantar Ojos verdes. Ella torció su rostro extrañada, se calmó y con sus manos acarició mi cara,…

Así comienza Ojos Verdes, un precioso relato escrito por Leila López.

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