Mi experiencia con mi madre y el alzhéimer:

Mi madre, no ve, eso no impide que recurra a la risa, que intente sacar de ella una sonrisa. No tiene cosquillas…..No importa, he encontrado otras maneras y aprenderé muchas más si me pongo a ello.

Su sensibilidad está a flor de piel. Con la ayuda de la estimulación cognitiva, ahí, en vuestro centro, he comprobado que se ralentiza el proceso. Hace ya un año y nueve meses que está en Afaga y estoy orgullosa de vuestro trabajo.

Cuando le pregunto, a duras penas sabe decirme qué hizo, pero viene contenta y me dice que habla y habla… algo que le hace feliz.

Está más receptiva que nunca al afecto, al tacto. Siempre fue muy dura, ahora, un abrazo la encoge y saca su sonrisa de inmediato.

También en la música he encontrado un aliado. Ella, por suerte, es alegre, sigue siendo alegre, pero necesita un empujoncito. Recurro a situaciones de mí día a día que son ridículas, también a historias del pasado donde nos reímos y recordamos juntas. Para ella, es fundamental la voz. Un pequeño empujón…. y su rostro se ilumina. Le noto feliz cuando cruza ese umbral triste que en ocasiones le acompaña. Me llama la atención la facilidad que tiene para subirse a la alegría, al apretón de manos, al contacto….  Un tarareo simple  y se frena en seco cuando está perdida. Se suma, cantamos juntas y respira hondo, su cara cambia, se amplía su respiración…..Se conecta muy bien.

Buena herramienta la risa ¡para todos! Y en mi memoria quedarán siempre estos momentos en los que reímos juntas.

¡Aprenderé!

Toda ayuda es fundamental, conocer, informarse, y… ¡Actuar!

Por todo esto, sólo puedo deciros: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

SONIA I.M- Familiar de una usuaria de los talleres de estimulación.

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